Se les recuerda que la primera reunión con la tutora se llevará a cabo el jueves 07/05/09, a las 9:00 (1°2°TM) y a las 15:00( 1°3°TT). El carácter de la misma es informativo. No habrá margen para ocuparnos de casos particulares. De todos modos, circulará una planilla en la que los presentes firmarán su asistencia y a través de la cual podrán solicitar una entrevista individual conmigo. Se ruega puntualidad. Los espero.
Semillas de papel Un libro se hace a partir de un árbol. Las páginas de un libro se llaman hojas, como las del árbol. Igual que la clorofila atrapa la luz del sol y la fija, también los libros tienen un pigmento, la tinta, que captura las ideas de quien escribe e ilumina la mente de quien lee. “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo de los de lanza en astillero...“ El escritor se llamaba Miguel de Cervantes. Y escribió su novela con la única mano útil que le quedaba después de la famosa batalla de Lepanto. Han pasado siglos, y todavía nos reímos con las ocurrencias de Sancho Panza. Y nos emocionamos con los amores de Dulcinea. Y nos vemos reflejados en las locas aventuras del Quijote. Libros de ayer y libros de hoy... Harry Potter y la piedra filosofal... Harry Potter y el cáliz de fuego... Harry Potter y las reliquias de la muerte... Se llama Joanne Rowling y es la autora del popular Harry Potter, el niño con poderes mágicos. Lo escribió en los cafés de Edimburgo, mientras cuidaba a su hijita, porque no tenía otro sitio donde dar rienda suelta a su imaginación. La escritura es el mayor de los inventos humanos. Un invento que une a personas que nunca se conocieron, habitantes de tiempos remotos y de países lejanos. Sin libros, la historia humana sería un círculo, un eterno retorno, siempre comenzando y dependiendo de la voz que se lleva el viento, de la memoria que falla. Como los relevos que se pasan los corredores de mano en mano, los libros nos permiten aprovechar la sabiduría de nuestros antepasados, crear un cerebro colectivo. Los libros son como semillas. Semillas de papel. Pueden estar durmiendo en una biblioteca o escondidos en un rincón de tu casa. Y de repente, los abres, los lees, y germinan en ti. Echan raíces en tu espíritu y ponen flores en tu corazón.
Fragmento del guión radiofónico de Radialistas Apasionadas y Apasionados
... Desde que a las insignias las llaman “pins”, a los maricones “gays”, a las comidas frías “lunchs”, a los repartos de cine “casting”, Argentina ya no es la misma..... Ahora es mucho más moderna... Durante muchos años los Argentinos estuvimos hablando en prosa sin saberlo..... Y lo que todavía es peor, de lo atrasados que estábamos, sin darnos cuenta..... Los chicos leían revistas en vez de “comics”, los jóvenes hacían asaltos en lugar de “parties”, los estudiantes pegaban carteles sin saber que eran “posters”, los empresarios hacían negocios en vez de “bussines” y los obreros (tan ordinarios ellos) al mediodía les traían la vianda en lugar de usar “lunchera”... Yo en la escuela hice muchas veces “aerobics” pero en mi ignorancia pensaba que estaba en clase de gimnasia... Afortunadamente todo esto cambió, Argentina hoy es un país moderno, y a los argentinos se nos nota el cambio… exclusivamente cuando hablamos.... ¡Y eso es muy importante! Cuando estudiábamos para un parcial decíamos “estoy hasta las bolas” cuando en realidad estábamos “a full”. Cuando decidíamos parar un ratito, nos comíamos un sanguchazo, sin saber que en realidad habíamos hecho un “break” Desde ese punto de vista los Argentinos estamos completamente modernizados... Ya no tenemos centros comerciales, son todos “shoppings”..... Adoptamos incluso nuevas palabras, lo que habla de nuestra extraordinaria apertura y capacidad para superarnos. Ahora ya no decimos facturas sino “cookies”, que suena más fino, ni tenemos sentimientos sino “feeling” que son mucho más profundos. Y de la misma manera sacamos “tickets”, usamos “kleenex”, compramos “compact”, comemos “sandwichs”, hacemos “footing”, vamos al “pub” y los domingos cuando pasamos el día en el campo hacemos “camping” ... Y todo ello con la mayor naturalidad y sin darle mayor importancia... Los carteles que anuncian rebajas dicen “20% OFF”, y cuando logramos meternos detrás de algún escenario, hacemos “backstage”... Obviamente esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres, han cambiado nuestro aspecto, que ahora es mucho más “fashion”... Los argentinos ya no usamos más calzoncillos, sino “slip” o “boxer”; tampoco viajamos más en colectivos sino en “bus”, y para el auto usamos el “parking”… En la oficina ya no tenemos jefes sino “boss”, que está siempre en “meeting” con los “public relations”, o tal vez haciendo “bussines” con su secretaria... Y la secretaria capaz que vive en un barrio de mierda, pero se la pasa haciendo “mailing”, y cuando sale del trabajo se va a hacer “fitness” y “aerobics”… El autoservicio ahora es “self service”; el escalafón, “ranking”;el representante ahora es “manager” y la entrega a domicilio, “delivery”... Desde hace algún tiempo los importantes son “vips”, los auriculares “walk man”, los puestos de venta “stands”, y las niñeras “babby sitter”... Y por supuesto que ahora ya no pedimos perdón; decimos “sorry”, y cuando vamos al cine comemos “pop corn” (son más ricos si llevan “butter”)...
Y para culminar una frase que resume todo...
¿Vio, Mendieta…? Ya no quedan más domadores… ahora todos son “Licenciados en problemas de conducta de equinos marginales”...
Ahora sí les llegó el turno de la evaluación. ¡Qué bueno!Lo anticipé la clase pasada pero, por las dudas, les recuerdo que será el martes 21/04. ¿Los temas? Los incluidos en el cuadernillo de nivelación. Sí, sí, esos en los que trabajamos desde el comienzo de clases. Revisen el cuadernillo, las anotaciones realizadas al dorso de las hojas, las pastillitas ayudamemoria de la carpeta, etc. Si queda alguna duda, el lunes me consultan. Si la duda es puntual, me pueden consultar aquí. ¡Ojo al piojo! Según pude observar, el tema que más costó a los otros tres primeros evaluados fue el de Focalización; así que, si no se sienten seguros... PREGUNTEN.
Nora
P.D. : La imagen no es real; pero así me siento después de corregir pruebas. Por eso les pido por favor que me devuelvan la sonrisa y la juventud haciendo evaluaciones mononas ¿sí? ¡Gracias!
¡Hola, chicos! Ya hablamos de las características de la fábula tradicional. Hoy les acerco este texto más actual del que nos ocuparemos en clase.
Nora
LA RANA QUE QUERÍA SER UNA RANA AUTÉNTICA
Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello. Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de lahora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl. Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica. Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cadavez mejores, y sentía que todos la aplaudían. Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, yella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana,que parecía Pollo.
Augusto Monterroso, La oveja negra y otras fábulas, 1969
Para los que prefieren acceder a los textos por este medio, acá van algunos de los cuentos de Julio Cortázar que leeremos. Iré completando de a poco. Los cuentos estarán también a su disposición en "Las Mellis" para quien los necesite.Este año analizaremos los siguientes textos: Casa Tomada; Ómnibus;Carta a una señorita en París; Lejana.
También agrego un video de Casa tomada, leído por Cortázar ¡Un lujo!
¡Ah! Y si tenés paciencia, posicionándote en el mismo cuadrito de You Tube, podés acceder a otros trabajos sumamente creativos realizados a partir de textos de Cortázar.
Casa tomada
Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los secretos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos a mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por los bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé porqué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pull-over está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor de preguntarle a Irene qué pensaba a hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba la plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esta parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica , y la puerta central daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente del pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por le pasillo se franqueaba la puerta de roble y más allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que que llevaba a la cocina y al baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso se lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y en los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui hasta el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
—Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
—¿Estás seguro?
Asentí.
—Entonces —dijo recogiendo las agujas— tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene extrañaba unas carpetas, un par de pantuflas que tanto la abrigaban en invierno. Yo sentía mi pipa de enebro y creo que Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
—No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resulta molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
—Fíjate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadrito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba enseguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene se los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiado ruido de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos ahí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos más despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alto voz, me desvelaba en seguida).
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí el ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y en el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte, pero siempre sordos a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
—Han tomado esta parte —dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta el cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
—¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? —le pregunté inútilmente.
—No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
Carta a una señorita en París Julio Cortázar
Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal, que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar... ah, querida Andrée, que difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla allí simplemente porque uno ha traído sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habrán de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafío me pase por los ojos como un bando de gorriones. Usted sabe por qué vine a su casa, a su quieto salón solicitado de mediodía. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a París, yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua conveniencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires y me lance a mí a alguna otra casa donde quizá... Pero no le escribo por eso, esta carta se la envío a causa de los conejitos, me parece justo enterarla; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve. Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío. He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible. Pero hice las maletas, avisé a su mucama que vendría a instalarme, y subí en el ascensor. Justo entre el primero y segundo piso sentí que iba a vomitar un conejito. Nunca se lo había explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito. Como siempre me ha sucedido estando a solas, guardaba el hecho igual que se guardan tantas constancias de lo que acaece (o hace uno acaecer) en la privacía total. No me lo reproche, Andrée, no me lo reproche. De cuando en cuando se me ocurre vomitar un conejito. No es razón para no vivir en cualquier casa, no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose. Cuando siento que voy a vomitar un conejito, me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejito de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurría en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balcón y lo pongo en la gran maceta donde crece el trébol que a propósito he sembrado. El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un trébol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo sé que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas. Entre el primero y el segundo piso, Andrée, como un anuncio de lo que sería mi vida en su casa, supe que iba a vomitar un conejito. Enseguida tuve miedo (¿o era extrañeza? No, miedo de la misma extrañeza, acaso) porque antes de dejar mi casa, sólo dos días antes, había vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal vez seis con un poco de suerte. Mire usted, yo tenía perfectamente resuelto el problema de los conejitos. Sembraba trébol en el balcón de mi otra casa, vomitaba un conejito, lo ponía en el trébol y al cabo de un mes, cuando sospechaba que de un momento a otro... entonces regalaba el conejo ya crecido a la señora de Molina, que creía en un hobby y se callaba. Ya en otra maceta venía creciendo un trébol tierno y propicio, yo aguardaba sin preocupación la mañana en que la cosquilla de una pelusa subiendo me cerraba la garganta, y el nuevo conejito repetía desde esa hora la vida y las costumbres del anterior. Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota de ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método. Usted querrá saber por qué todo ese trabajo, por qué todo ese trébol y la señora de Molina. Hubiera sido preferible matar enseguida al conejito y... Ah, tendría usted que vomitar tan sólo uno, tomarlo con dos dedos y ponérselo en la mano abierta, adherido aún a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tamaño, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta. Andrée, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable... Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo... y después tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tamaño carta. Me decidí, con todo, a matar al conejito apenas naciera. Yo viviría cuatro meses en su casa: cuatro -quizá, con suerte, tres- cucharadas de alcohol en el hocico. (¿Sabe usted que la misericordia permite matar instantáneamente a un conejito dándole de beber una cucharada de alcohol? Su carne sabe luego mejor, dicen, aunque yo... Tres o cuatro cucharadas de alcohol, luego el cuarto baño o un paquete sumándose a los desechos). Al cruzar el tercer piso el conejito se movía en mi mano abierta. Sara esperaba arriba, para ayudarme a entrar las valijas... ¿Cómo explicar que un capricho, una tienda de animales? Envolví el conejito en mi pañuelo, lo puse en el bolsillo del sobretodo dejando el sobretodo suelto para no oprimirlo. Apenas se movía. Su menuda conciencia debería estarle revelando hechos importantes: que la vida es un movimiento hacia arriba con un click final, y que es también un cielo bajo, blanco, envolvente y oliendo a lavanda, en el fondo de un pozo tibio. Sara no vio nada, le fascinaba demasiado el arduo problema de ajustar su sentido de orden a mi valija-ropero, mis papeles y mi displicencia ante sus elaboradas explicaciones donde abunda la expresión "por ejemplo". Apenas pude me encerré en el baño; matarlo ahora. Una fina zona de calor rodeaba el pañuelo, el conejito era blanquísimo y creo que más lindo que los otros. No me miraba, solamente bullía y estaba contento, lo que era el más horrible modo de mirarme. Lo encerré en el botiquín vacío y me volví para desempacar, desorientado pero no infeliz, no culpable, no jabonándome las manos para quitarles una última convulsión. Comprendía que no podía matarlo. Pero esa misma noche vomité un conejito negro. Y dos días después uno blanco. Y a la cuarta noche un conejito gris.
Usted ha de amar el bello armario de su dormitorio, con la gran puerta que se abre generosa, las tablas vacías a la espera de mi ropa. Ahora los tengo ahí. Ahí dentro. Verdad que parece imposible; ni Sara lo creería. Porque Sara nada sospecha, y el que no sospeche nada procede de mi horrible tarea, una tarea que se lleva mis días y mis noches en un solo golpe de rastrillo y me va calcinando por dentro y endureciendo como esa estrella de mar que ha puesto usted sobre la bañera y que a cada baño parece llenarle a uno el cuerpo de sal y azotes de sol y grandes rumores de profundidad. De día duermen. Hay diez. De día duermen. Con la puerta cerrada, el armario es una noche diurna solamente para ellos, allí duermen su noche con sosegada obediencia. Me llevo las llaves del dormitorio al partir a mi empleo. Sara debe creer que desconfío de su honradez y me mira dubitativa, se le ve todas las mañanas que está por decirme algo, pero al final se calla y yo estoy tan contento. (Cuando arregla el dormitorio, de nueve a diez, hago ruido en el salón, pongo un disco de Benny Carter que ocupa toda la atmósfera, y como Sara es también amiga de saetas y pasodobles, el armario parece silencioso y acaso lo esté, porque para los conejitos transcurre ya la noche y el descanso). Su día principia a esa hora que sigue a la cena, cuando Sara se lleva la bandeja con un menudo tintinear de tenacillas de azúcar, me desea buenas noches -sí, me las desea, Andrée, lo más amargo es que me desea las buenas noches- y se encierra en su cuarto y de pronto estoy yo solo, solo con el armario condenado, solo con mi deber y mi tristeza. Los dejo salir, lanzarse ágiles al asalto del salón, oliendo vivaces el trébol que ocultaban mis bolsillos y ahora hace en la alfombra efímeras puntillas que ellos alteran, remueven, acaban en un momento. Comen bien, callados y correctos, hasta ese instante no tengo nada que decir, los miro solamente desde el sofá, con un libro inútil en la mano -yo que quería leerme todos sus Giraudoux, Andrée, y la historia argentina de López que tiene usted en el anaquel más bajo-; y se comen el trébol. Son diez. Casi todos blancos. Alzan la tibia cabeza hacia las lámparas del salón, los tres soles inmóviles de su día, ellos que aman la luz porque su noche no tiene luna ni estrellas ni faroles. Miran su triple sol y están contentos. Así es que saltan por la alfombra, a las sillas, diez manchas livianas se trasladan como una moviente constelación de una parte a otra, mientras yo quisiera verlos quietos, verlos a mis pies y quietos -un poco el sueño de todo dios, Andrée, el sueño nunca cumplido de los dioses-, no así insinuándose detrás del retrato de Miguel de Unamuno, en torno al jarrón verde claro, por la negra cavidad del escritorio, siempre menos de diez, siempre seis u ocho y yo preguntándome dónde andarán los dos que faltan, y si Sara se levantara por cualquier cosa, y la presidencia de Rivadavia que yo quería leer en la historia de López. No sé cómo resisto, Andrée. Usted recuerda que vine a descansar a su casa. No es culpa mía si de cuando en cuando vomito un conejito, si esta mudanza me alteró también por dentro - no es nominalismo, no es magia, solamente que las cosas no se pueden variar así de pronto, a veces las cosas viran brutalmente y cuando usted esperaba la bofetada a la derecha-. Así, Andrée, o de otro modo, pero siempre así. Le escribo de noche. Son las tres de la tarde, pero le escribo en la noche de ellos. De día duermen. ¡Qué alivio esta oficina cubierta de gritos, órdenes, máquinas Royal, vicepresidentes y mimeógrafos! ¡Qué alivio, qué paz, qué horror, Andrée! Ahora me llaman por teléfono, son los amigos que se inquietan por mis noches recoletas, es Luis que me invita a caminar o Jorge que me guarda un concierto. Casi no me atrevo a decirles que no, invento prolongadas e ineficaces historias de mala salud, de traducciones atrasadas, de evasión. Y cuando regreso y subo en el ascensor -ese tramo, entre el primero y el segundo piso- me formulo noche a noche irremediablemente la vana esperanza de que no sea verdad. Hago lo que puedo para que no destrocen sus cosas. Han roído un poco los libros del anaquel más bajo, usted los encontrará disimulados para que Sara no se dé cuenta. ¿Quería usted mucho su lámpara con el vientre de porcelana lleno de mariposas y caballeros antiguos? El trizado apenas se advierte, toda la noche trabajé con un cemento especial que me vendieron en una casa inglesa -usted sabe que las casas inglesas tienen los mejores cementos- y ahora me quedo al lado para que ninguno la alcance otra vez con las patas (es casi hermoso ver cómo les gusta pararse, nostalgia de lo humano distante, quizá imitación de su dios ambulando y mirándolos hosco; además usted habrá advertido -en su infancia, quizá- que se puede dejar a un conejito en penitencia contra la pared, parado, las patitas apoyadas y muy quieto horas y horas). A las cinco de la mañana (he dormido un poco, tirado en el sofá verde y despertándose a cada carrera afelpada, a cada tintineo) los pongo en el armario y hago la limpieza. Por eso Sara encuentra todo bien aunque a veces le he visto algún asombro contenido, un quedarse mirando un objeto, una leve decoloración de la alfombra, y de nuevo el deseo de preguntarme algo, pero yo silbando las variaciones sinfónicas de Franck, de manera que nones. Para qué contarle, Andrée, las minucias desventuradas de ese amanecer sordo y vegetal, en que camino entredormido levantando cabos de trébol, hojas sueltas, pelusas blancas, dándome contra los muebles, loco de sueño, y mi Gide que se atrasa, Troyat que no he traducido, y mis respuestas a una señora lejana que estará preguntándose ya si... para qué seguir todo esto, para qué seguir esta carta que escribo entre teléfonos y entrevistas. Andrée, querida Andrée, mi consuelo es que son diez y ya no más. Hace quince días contuve en la palma de la mano un último conejito, después nada, solamente los diez conmigo, su diurna noche y creciendo, ya feos y naciéndoles el pelo largo, ya adolescentes y llenos de urgencias y caprichos, saltando sobre el busto de Antinoo (¿es Antinoo, verdad, ese muchacho que mira ciegamente?) o perdiéndose en el living donde sus movimientos crean ruidos resonantes, tanto que de allí debo echarlos por miedo a que los oiga Sara y se me aparezca horripilada, tal vez en camisón -porque Sara ha de ser así, con camisón- y entonces... Solamente diez, piense usted esa pequeña alegría que tengo en medio de todo, la creciente calma con que franqueo de vuelta los rígidos cielos del primero y el segundo piso.
Interrumpí esta carta porque debía asistir a una tarea de comisiones. La continúo aquí en su casa, Andrée, bajo una sorda grisalla de amanecer. ¿Es de veras el día siguiente, Andrée? Un trozo en blanco de la página será para usted el intervalo, apenas el puente que une mi letra de ayer a mi letra de hoy. Decirle que en ese intervalo todo se ha roto, donde mira usted el puente fácil oigo yo quebrarse la cintura furiosa del agua, para mí este lado del papel, este lado de mi carta no continúa la calma con que venía yo escribiéndole cuando la dejé para asistir a una tarea de comisiones. En su cúbica noche sin tristeza duermen once conejitos; acaso ahora mismo, pero no, no ahora - En el ascensor, luego, o al entrar; ya no importa dónde, si el cuándo es ahora, si puede ser en cualquier ahora de los que me quedan.
Basta ya, he escrito esto porque me importa probarle que no fui tan culpable en el destrozo insalvable de su casa. Dejaré esta carta esperándola, sería sórdido que el correo se la entregara alguna clara mañana de París. Anoche di vuelta a los libros del segundo estante; alcanzaban ya a ellos, parándose o saltando, royeron los lomos para afilarse los dientes -no por hambre, tienen todo el trébol que les compro y almaceno en los cajones del escritorio. Rompieron las cortinas, las telas de los sillones, el borde del autorretrato de Augusto Torres, llenaron de pelos la alfombra y también gritaron, estuvieron en círculo bajo la luz de la lámpara, en círculo y como adorándome y de pronto gritaban, gritaban como yo no creo que griten los conejos. He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela roída, encerrarlos de nuevo en el armario. El día sube, tal vez Sara se levante pronto. Es casi extraño que no me importe Sara. Es casi extraño que no me importe verlos brincar en busca de juguetes. No tuve tanta culpa, usted verá cuando llegue que muchos de los destrozos están bien reparados con el cemento que compré en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo... En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve: diez estaba bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andrée, doce que será trece. Entonces está el amanecer y una fría soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos más. Está este balcón sobre Suipacha lleno de alba, los primeros sonidos de la ciudad. No creo que les sea difícil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales.
Los refranes son frases generalmente breves que expresan una enseñanza, un dicho o un consejo útil sobre la vida cotidiana. En su mayoría se trata de expresiones de la sabiduría popular.
Algunos refranes de uso corriente:
Afortunado en el juego, desafortunado en amores.
Agua que no has de beber déjala correr.
A caballo regalado no le mires el diente.
A mal tiempo, buena cara.
A palabras necias, oidos sordos.
A quien madruga, Dios lo ayuda.
A río revuelto, ganancia de pescadores.
Más vale pájaro en mano que cien volando
Te propongo que descubras el refrán escondido
Parece otro idioma, pero no lo es. Lo que sigue es un refrán, sin sus respectivas vocales. ¿Podés descubrirlo?
Recuerden que el lunes 13/04 realizaremos la evaluación de los temas vistos. Repasen, revisen el cuadernillo de nivelación y las "pastillitas" ayudamemoria. No falten.
Aviso para los alumnos de primer año (ambos turnos)
La primera novela que leeremos esEl caso del mago y la clave secreta, de Carlos Schlaen, Editorial Alfaguara Juvenil. Ya tienen la fecha de comienzo. Dejé un ejemplar en Las Mellis para quien lo necesite. No esperen a último momento para conseguirla. Mientras tanto seguiremos trabajando con textos más breves incluidos en Destrabalengua 1.
El nuevo asunto que llega al estudio de Nico aparenta ser muy simple: la cobranza de una pequeña deuda atrasada. Sin embargo, no tardará en advertir su error; nada en este caso será lo que parece. Inesperadamente, se hallará envuelto en una peligrosa intriga junto a un desalmado mercenario internacional, la bella nieta de un misterioso anciano oriental y el tenaz comisario, Galarza. Nadie está dispuesto a mostrar su juego, pero todos saben quién tiene la carta ganadora. No les resultará fácil encontrarlo; se trata de un experto en engaños, trucos y disfraces: el enigmático “Mago Escarlata”.
La comunicación. Elementos del circuito. Modelos. El signo. Signos lingüísticos y no lingüísticos. Significado y significante. Las unidades de la lengua (fonema, morfema, palabra, oración). Concepto de ruido.
La comunicación oral. Intencionalidad y registro. Marcas del emisor y del receptor en los mensajes.
Condicionantes de la situación comunicativa.
Funciones del lenguaje. Variedades lingüísticas: dialecto, sociolecto, cronolecto.
Actos de habla directos e indirectos. Clases de oraciones según la intencionalidad del emisor: enunciativas (afirmativas y negativas), interrogativas, exhortativas, desiderativas, dubitativasy exclamativas.
La comunicación escrita. El texto. Requisitos del texto: adecuación, cohesión y coherencia. Organización del texto: párrafo, oración, palabra. Denotación y connotación.Recursos cohesivos: uso de pronombres, sinónimos, paráfrasis, hiperónimos, conectores, elipsis.
Tipos de textos, intencionalidad, trama y registro.
Las cadenas léxicas. La familia de palabras. Campo semántico: hiperónimo e hipónimo. Su uso en la definición.
Sinónimos y expresiones equivalentes; antónimos; homónimos; parónimos.
Formación de palabras: derivación(uso de prefijos y sufijos), composición y parasíntesis.
Clases de palabras: variables e invariables. Elsustantivo y el adjetivo (aspectos sintáctico, semántico y morfológico); el verbo (aspectos sintáctico y morfológico); los verboides; el adverbio (aspectos sintáctico y semántico). Construcciones sustantivas, adjetivas y preposicionales. La preposición y la conjunción.
La oración. El orden de los constituyentes. Movilidad y focalización. Voz activa y voz pasiva. Oraciones unimembres y bimembres. Concordancia entre sujeto y verbo. Clases de sujeto y de predicado. Estructura del sujeto y del predicado (núcleo y modificadores).
Las reglas ortográficas. Reglas generales y especiales de tildación. Monosílabos, palabras terminadas en –mente, palabras compuestas.
Uso de los signos de puntuación y de entonación. Los signos auxiliares.
Textos literarios y no literarios. Los géneros literarios y los subgéneros.
Género narrativo: marco, secuencia narrativa, punto de vista del narrador, estructura del hecho narrativo. La narración oral.Especies narrativas: cuento, novela, fábula, mito, leyenda, biografía, autobiografía,diario íntimo y de viajes. Texto realista, maravilloso, fantástico, popular, de ciencia ficción, policial.
La historieta: aspectos formales. La combinación de códigos. La narración en la historieta.
La descripción. El observador y la realidad. El valor del adjetivo. Subjetivemas.
Género lírico: elementos, características, recursos y licencias poéticas, la rima.
Género dramático: origen, elementos, especies y estructura. El diálogo y las acotaciones. El texto dramático y el hecho teatral.
Los géneros periodísticos: noticia, crónica, carta de lectores, nota de divulgación científica, el editorial.. Características de los hechos “noticiables”. Estructura, recursos, estilo. Los paratextos.
Lecturas obligatorias
A.- Género narrativo
Selección de fábulas, mitos y leyendas.
La rana que quería ser una rana auténtica, Augusto Monterroso.
El pozo, Ricardo Güiraldes.
En la policía, Roberto J. Payró.
Algo muy grave va a suceder en este pueblo, Gabriel García Márquez.
Marilin se ramifica, Silvia Schujer.
Aquel cuadro, Elsa Bornemann.
Los gatos de Ulthar, Howard Phillips Lovecraft.
El dragón, Ray Bradbury.
El caso del mago y la clave secreta, Carlos Schlaen
La llave del águila, Elisa Roldán
Diarios de Adán y Eva, Mark Twain.
B.-Género dramático
Vivir en Conesa,/ Mucho ruido y poco comido, Adela Basch
El enigma del laberinto, Oscar Nicosia.
La isla desierta, Roberto Arlt.
Jettatore, Gregorio de Laferrére
C.- Género lírico
Romance del enamorado y la muerte, Anónimo.
Romance de la luna, luna, Federico García Lorca.
Plenilunio, Baldomero Fernández Moreno
Nocturno, Conrado Nalé Roxlo.
Alma venturosa, Leopoldo Lugones.
La flor, José Pedroni.
Durante el ciclo lectivo se trabajará con apuntes de clase. Para profundizar los temas teóricos, los alumnos podrán consultar cualquier manual de Lengua y Literatura 8 (o para 1° año). También podrán utilizar el material del cuadernillo de nivelación para el ingreso a 1° año, realizado por los profesores Nora Graciela Papeo y Julio César Sacierain. Asimismo podrán recurrir al material incluido en el blog http://apalabrados.blogia.compor la profesora Nora G. Papeo.
Como conversamos la semana pasada en clase, la poesía –y el arte en general- es producto de una época. En sus versos vemos el registro de los temas que preocupan o conmueven al poeta que los plasma con su particular uso del lenguaje.
Les acerco algunas letras de canciones –poesía al fin- que toman temas que nos duelen y –también- dividen a los argentinos.
LA MEMORIA
Letra y música: León Gieco
Los viejos amores que no están, la ilusión de los que perdieron, todas las promesas que se van, y los que en cualquier guerra se cayeron.
Todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia.
El engaño y la complicidad de los genocidas que están sueltos, el indulto y el punto final a las bestias de aquel infierno.
Todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia.
La memoria despierta para herir a los pueblos dormidos que no la dejan vivir libre como el viento.
Los desaparecidos que se buscan con el color de sus nacimientos, el hambre y la abundancia que se juntan, el mal trato con su mal recuerdo.
Todo está clavado en la memoria, espina de la vida y de la historia.
Dos mil comerían por un año con lo que cuesta un minuto militar Cuántos dejarían de ser esclavos por el precio de una bomba al mar.
Todo está clavado en la memoria, espina de la vida y de la historia.
La memoria pincha hasta sangrar, a los pueblos que la amarran y no la dejan andar libre como el viento.
Todos los muertos de la A.M.I.A. y los de la Embajada de Israel, el poder secreto de las armas, la justicia que mira y no ve.
Todo está escondido en la memoria, refugio de la vida y de la historia.
Fue cuando se callaron las iglesias, fue cuando el fútbol se lo comió todo, que los padres palotinos y Angelelli dejaron su sangre en el lodo.
Todo está escondido en la memoria, refugio de la vida y de la historia.
La memoria estalla hasta vencer a los pueblos que la aplastan y que no la dejan ser libre como el viento.
La bala a Chico Méndez en Brasil, 150.000 guatemaltecos, los mineros que enfrentan al fusil, represión estudiantil en México.
Todo está cargado en la memoria, arma de la vida y de la historia.
América con almas destruidas, los chicos que mata el escuadrón, suplicio de Mugica por las villas, dignidad de Rodolfo Walsh.
Todo está cargado en la memoria, arma de la vida y de la historia.
La memoria apunta hasta matar a los pueblos que la callan y no la dejan volar libre como el viento.
LOS DINOSAURIOS
Charly García
Los amigos del barrio pueden desaparecer; los cantores del radio pueden desaparecer. Los que están en los diarios pueden desaparecer; la persona que amas puede desaparecer. Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire. Los que están en la calle pueden desaparecer en la calle. Los amigos del barrio pueden desaparecer. Pero los dinosaurios van a desaparecer.
No estoy tranquilo mi amor, hoy es sábado a la noche, un amigo está en cana. ¡Oh, mi amor! desaparece el mundo. Si los pesados, mi amor, llevan todo ese montón de equipaje en la mano, ¡Oh, mi amor! yo quiero estar liviano. Cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada. Imaginen a los dinosaurios en la cama.
PENSÉ QUE SE TRATABA DE CIEGUITOS
Los Twist, Pipo Cipolatti
Era un sábado a la noche tenía plata y hacía calor Me dije: viejo, aprovechá sos joven y me fui al cine a ver una de terror Salí a la calle, paré un taxi, y me fui (por ahí).
Bajé en Sarmiento y Esmeralda compré un paquete de pastillas Renomé en eso siento que un señor me llama al darme vuelta me di cuenta de que eran seis muy bien peinados, muy bien vestidos y con un Ford (verde).
Llegamos a un edificio y comportándose con toda corrección me sometieron a un breve interrogatorio que duró casi cuatro horas y fracción - se hizo muy tarde, dijeron - no hay colectivos... - ¡quédese! (por favor).
A los tres días de vivir con ellos de muy buen modo me dijeron: ¡Váyase! me devolvieron mis cordones y mi cinto los tenían ellos, no les pregunté por qué cuando salía... me prometieron lo aseguraron... lo repitieron... -¡Nos volveremos a ver!
Patricio, de 4°3° Turno Tarde comparte con nosotros este tema de Los Redondos
Nuestro amo Juega al Esclavo Mucha tropa riendo en las calles con sus muecas rotas cromadas y por las carreteras valladas escuchás caer tus lágrimas
Nuestro amo juega al esclavo de esta tierra que es una herida que se abre todos los días a pura muerte, a todo gramo. -Violencia es mentir-
Formidables guerreros en jeeps los titanes del orden viril ¿Qué botines esperan ganar? si nunca un perro mira al cielo.
Si hace falta hundir la nariz en el plato lo vamos a hacer, por los tipos que huelen a tigre tan soberbios y despiadados -Violencia es mentir-.
Muchos se quedaron, siguieron oliendo el aire, que ya no venía de rosas ni de gloria sino de muerte, de ausencia, de manos vacías... Porque esta tierra ya no era su tierra sino -apenas- tierra. Tierra-trinchera, tierra-celda, tierra-tumba. Tierra-cuna de niños sin nombre o -lo que es peor- con otros nombres que probablemente no hubieran sido los elegidos por sus padres legítimos (noveles e involuntarios moradores de la tierra-tumba). O tal vez sí, quién sabe.
No alcanzaron estas más de tres décadas para restañar heridas, para recuperar el nombre propio, para no dejarse ganar por el sobresalto frente a un portazo o a una frenada abrupta a mitad de la noche.
Sólo cuando el último genocida haya purgado su culpa -y nunca será suficiente el castigo- ; cuando el último nieto se haya encontrado con su familia de sangre; cuando la tierra vuelva a ser la madre tierra, la que cobija y da alimento; sólo entonces -tal vez- nuestros muertos puedan descansar en paz.
¡Hola, pimpollos! Como les comenté el lunes, estaré en uso de licencia hasta el miércoles 25/03 . El jueves 26 regresaré -si todo va bien- con bombos y platillos. ¡Bueno, tampoco exageremos! Van algunas recomendaciones:
Primeros años T.M.: El jueves, no olviden llevar el material para trabajar en el Taller de Expresión y Comunicación.
Primeros años de ambos turnos: Aprovechen para completar el cuadernillo de nivelación, así el viernes seguimos con la corrección y explicación de las dudas.
Mensaje para los ansiosos de primer año
La novela Rosaura a las diez es para los alumnos de cuarto. No vayan corriendo a comprarla. Ustedes leerán otra que les indicaré oportunamente.
Mensaje para mis aplicadísimos discípulos de 4°2° y 4°3°T.T.: Ustedes sí vayan consiguiendo el libro. En Parque Rivadavia y Parque Centenario pueden encontrarlo a precios razonables.
Mensaje para 4°3°T.T.: Terminen el análisis del poema de Girondo, sin excusas. Dejen el verso para los poetas. Recuerden llevar también las letras de canciones de las que hablamos en clase.
Sí, sí. Imagino que estarán derramando ríos de lágrimas por mi ausencia. Espero que puedan sobrellevarla con fortaleza.
Todo comenzó con un crimen. O mejor, todo comenzó unos seis meses antes, "aquella mañana en que el cartero trajo un sobre rosa con un detestable perfume a violetas". Los sobres van llegando puntualmente, cada miércoles, a la pensión La Madrileña. El olor a violetas invade las habitaciones de los inquilinos, que se convertirán en testigos del encuentro entre Rosaura y Camilo Canegato, el tímido restaurador de cuadros. Pero cuando Rosaura es encontrada muerta, cada uno de los personajes tendrá que dar su versión de la historia. El lector deberá ir reuniendo piezas y llegará a la verdad con las últimas palabras del último testimonio
Rosaura a las diez (fragmento)
"El hombrecito no tenía trazas de don Juan, pero nunca se sabe. El comprendió perfectamente a dónde yo iba. Y tanto lo comprendió, que se puso rojo como un tomate. Le diré que es hombre de enrojecer a cada tres por cuatro, como pronto lo comprobé, pero se ruboriza con tanta frecuencia, que esos tornasoles son ya el color de su cara. -Finalmente -dije (y aquí hice una pausa)-, finalmente, señor. No es que yo desconfíe de usted. Líbreme Dios de ello. Al contrario, al contrario. Usted parece persona de bien, seria y respetable. Dicen que la cara es el espejo del alma, y usted tiene cara de bueno. Pero ni la cara de usted, desgraciadamente, me salva de ser viuda, ni de tener tres hijas a mi exclusivo cargo, ni de vivir en los calamitosos tiempos en que vivimos, con las Europas en guerra. Sin un hombre que mire por mí, he tenido que salir a la arena, como dicen, a pelear por mi sustento y por el de mis tiernas hijas, y en tales lides, donde la natural debilidad de la mujer no encuentra sino desventajas, mucho es lo que llevo padecido, porque yo soy la del refrán, que duelos me hicieron negra, que yo blanca me era, así que excusado será que tenga la piel sensible quien de cicatrices anda vestido. "
Recuerden que comenzaremos la lectura de esta novela la primera clase de abril.
¡Hola a todos! Habrán oído o leído por ahí que hay que ejercitar el cerebro. Sí, sí, igual que los abdominales, los bíceps, etc. Entonces... ¿Qué les parece si prueban con la resolución de los siguientes desafíos? Si llegan a resolverlos y tienen ganas de recibir aplausos, envíen la respuesta al blog. Recuerden que hay más de estos juegos en Tam-Tam, espacio creativo para personas de 13 a 18 años. ¡Éxitos!
Cada ítem remite a una palabra que tiene las mismas letras que la anterior (quizás en otro orden) más una letra nueva. No te damos las definiciones pero sí la letra nueva ubicada en el lugar que corresponde y la primera palabra. ¿Podés descubrir las restantes?
RA A __ __ __ __ R __ T __ __ __ __ __ __ __ Z __ __ __ E __ __ __ __ __
Estos versos que canta Joan Manuel Serrat expresan con absoluta claridad lo que siento cada vez que ustedes, pichones, machacan con la pregunta de siempre: ¿Por qué tenemos que aprender sintaxis?¿ Por qué, eh? ¿Por qué?
¡Ufa! Me había prometido no intentar más argumentos persuasivos; pero esta mañana la revista Viva me trajo la palabra autorizada de una intelectual de primera línea, Beatriz Sarlo.
Quizás ella pueda convencerlos. Les regalo un fragmento del artículo de opinión que les mencioné más arriba:
"La sintaxis (...) es la estructura a través de la cual pensamos dentro de la lengua.La sintaxis es el aparato de alternativas que usamos para significar tiempo, lugar, modalidad,causa, consecuencia, objeción condición.Si la sintaxis se empobrece y se vuelve elemental, no tendrá la capacidad de presentar las formas más elaboradas de estas alternativas. Seguramente se podrá definir tiempo y lugar, pero será más difícil pensar condiciones irreales y condiciones reales (que requieren de diferentes modos del verbo) o plantear una objeción (que exige manejar lo adversativo: ’pese a que’..., ’si bien... ’).
Manejar una sintaxis compleja habilita para articular un pensamiento con pliegues, dudas, desvíos y retornos, observaciones laterales, reconocimiento de otros aspectos de lo dicho, condiciones posibles o imposibles de que las cosas sucedan, etc., etc. Una sintaxis compleja es la base expresiva de lo complejo. La tosquedad repetitiva de frases invariablemente simples indica un límite en el uso de la lengua..."
Beatriz Sarlo
El argentino por la boca muere,en Viva, domingo 15 de marzo de 2009
Bueno, Bueno. Espero que los argumentos alcancen pero, si así no fuera, acá va el mío, cortito y sintácticamente sencillo: PORQUE SÍ ¡CARAMBA!
La palabra poeta proviene, etimológicamente, del griego poiein, que designa la fabricación de objetos. Poeta, por lo tanto, era el hacedor, el fabricante. Hasta el siglo XIV, a quien “hacía” poesía se lo llamaba cantor divino, vate, aeda, trovador, juglar…
En su Poética, el filósofo Aristóteles determina dos conceptos esenciales para la existencia de la poesía:
“Descubrimos dos causas en el origen de toda poesía, y ambas son debidas a nuestra naturaleza. La tendencia a la imitación es instintiva en el hombre desde su infancia. Es mediante la imitación como adquiere sus primeras nociones, por ella experimenta todo el placer (...) Como la tendencia a la imitación nos es propia, así como el gusto por la armonía y el ritmo, en un principio los hombres más dotados por la naturaleza para tales ejercicios hicieron surgir poco a poco la poesía con sus improvisaciones.”
Desde Aristóteles a nuestros días, esta doble caracterización de la poesía se mantiene vigente. La poesía es imitación, es decir, mimesis, y ritmo.
Algunos recursos poéticos
a) Las palabras y construcciones que impresionan nuestra imaginación provocando algún tipo de representación mental son las imágenes. Las imágenes pueden estar referidas a diferentes sensaciones, sentimientos o estados de ánimo.
-Si originan sensaciones percibidas mediante los sentidos- vista, tacto, gusto, olfato, oído-, se trata de imágenes sensoriales.
táctilOh, piedra dura, miserable piedra
visualpor entre las sombras verdes
-Si impresionan los sentimientos, son afectivas o anímicas.
Una canción nostálgica de odios y de penas…
Las imágenes pueden mezclar estímulos dirigidos a dos o más sentidos a la vez, o a un sentido y al ánimo. Este entrecruzamiento de sensaciones produce un tipo de imagen especial llamado sinestesia.
En el sopor azul e hirviente de la siesta…
vistatacto
b) La comparación
Es una figura literaria que se caracteriza por establecer una relación de semejanza entre un elemento real (A), presente en la enunciación, y otro elemento evocado (B) , que se propone como término de comparación. Para vincular ambos elementos (A y B) se emplean diferentes expresiones que actúan como nexos comparativo:parecido a – semejante a -parece- semeja- como- cual
( nexo )parece un trueno de oro elemento evocado(B)
tu nombre, de tan sonoro(…)
elemento real (A)
Hacia los cuatro puntos cardinales
Se han desplegado como banderas las calles…
Jorge Luis Borges
Las calles
Es importante tener en cuenta que en la comparación ambos elementos (real y evocado) conservan su identidad.
C) La metáfora
Figura que relaciona dos términos que tienen ( o a los que el poeta atribuye) alguna semejanza, y reemplaza a uno por otro. En la metáfora hay una comparación implícita, un traslado de significados.
Hay dos clases de metáfora: pura e impura.
-. Cuando aparecen mencionados los dos elementos que se relacionan (real y evocado), la metáfora es impura.
Palmera la más alta de aquel cielo
y conventillo de gorriones.
Jorge Luis Borges
Curso de los recuerdos
-. Cuando sólo aparece el elemento evocado, (en reemplazo del elemento real), la metáfora es pura.
_ ¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
Federico García Lorca
d) La personificación
Consiste en atribuir atributos o acciones propias de las personas a seres, objetos o ideas abstractas.