Si todavía no lo conocés, creo que llegó el momento.Te lo recomiendo. ¡Un capo! 
Querido Diario
(Del libro Querido Diario (Natacha))

-¡Mamá! ¡No vengas que voy a empezar a escribir un diario! (desde su cuarto).
-¡No te oigo, mi amor! (desde el lavadero).
-¿Qué dijiste?
-Esperá que se apague el lavarropas, que ya termina.
-¡No te oigo, mamá!
-¡Natacha! ¡No sigas hablándome! ¡No se oye nada con este aparato!
-¡Ay, mami, no se oye nada con el lavarropas!
-(¿Qué querrá, por favor?) …
-¡Dejame que tengo que empezar el diario! (¿Qué me estará diciendo?).
-Ya termina, ya termina, ya termina, ya terminaaaaaaáp, terminó (tono jugando).
-No vengas, mami, eh; que tiene que ser secreto (desde su cuarto).
La madre asoma en la puerta del cuarto de Natacha.
-¿Qué querías, pichona?
-¡Ay! ¿No te digo? ¡Viniste! (tapándose la cara con las manos).
-Si me llamabas, Nati.
-No, mami; te decía que no vengas, que no-ven-gas.
-Yo-ya-no-es-ta-ba-vi-nien-do,porque estaba lejos con la ropa, Nati. Además, cuando uno quiere estar solo no llama a los demás.
-Yo te avisaba, no te llamaba.
-¿Cuál es el secreto?
-Uno, mami, no te puedo decir, que voy a empezar mi diario, y no lo pueden ver, ni vos ni papi.
-¡Qué hermoso, mi amor! (se emociona).
-Ni el Rafles lo va a poder… bah, si yo quiero leerle un poco sí, pero ustedes no.
-Me encanta que hagas eso, yo cuando era chica también escribía uno…
-¿En serio? (… humito pif, desilusión).
-Pero no te lo voy a mostra-a-ar, no no.
-¡Ah, qué viva que sos, mami! ¡Yo no dije que no te lo iba a mostrar nunca! ¡Es secreto pero si quiero te lo muestro!
-No, porque ahí vos tenés que escribir tus cosas; no es para que lo leamos papi o yo.
-Bueno, pero si un día quiero se los muestro; no seas egoísta, mamá.
-(Ay…) No soy egoísta, mi amor, te cuento que yo al mío…
-¡Qué me importa tu diario! ¡Sí sos egoísta! ¡Porque ni lo querés mirar a mi diario! (ojos finitos).
-¿No era secreto, tu diario?
-¡Qué va a ser secreto, si ni pude empezar porque viniste, mamá!
-(Mal día) Bueno, yo me voy, sigo con mis cosas… Nati, si precisás algo me llamás, ¿sí?
-Pero si te digo que no vengas, no vengas.
La mamá regresa al lavadero. Natacha abre su cuaderno, y piensa.
Piensa, piensa, piensa.
Mira hacia la ventana.
Piensa.
De lejos se oye que el lavarropas comienza a centrifugar.
(¡Ya sé!)
Querido diario:
hoy empiezo a escribir un diario.
Bueno, listo, sigo otro día.
Firma: Natacha adorada.
-¡Mami, vení!










Representativa de su género, esta obra de Alberto Vacarezza nos muestra personajes tipos de una época significativa de nuestra historia. En el espacio del patio del conventillo se mezclan los argentinos y los extranjeros llegados de distintas partes del mundo como resultado de las grandes corrientes inmigratorias de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Allí se encuentran el tano, el gallego, el turco y el porteño y surge el conflicto por cuestión de polleras que Vacarezza expone con gran frescura y claridad. Si bien lo cómico predomina, hay lugar también para la reflexión y la exaltación de ese gran sentimiento movilizador de la conciencia humana que es el amor.